Lo que más me fastidia de Manny es que nunca me llama por mi nombre. Cuando apenas era un bebé y todavía no sabía hablar, le dio por llamarme “Teto”. Pero es que TODAVÍA me llama así, a pesar de que siempre les digo a mis padres que no se lo permitan. Por suerte, ninguno de mis amigos se ha enterado todavía, aunque en alguna ocasión han estado muy cerca.




